sábado, 9 de octubre de 2010

PECADOS HONESTOS

PREAMBULO

En el mes de diciembre empecé este diario impulsado por la necesidad latente de registrar los sucesos extraordinarios que me abordaban, pero, de a poco, este ejercicio fue encendiendo las luces para intuir algo mayor; lo que luego entendí es un conjuro endémico de este siglo.
Pues, esto es algo que se propaga por todos los signos de la memoria, desde hace mucho tiempo y de manera continua; viaja por el aire como una pandemia; se trasmite de individuo a individuo con el aliento; y de generación en generación por el miedo. Sin embargo, nadie hará nada para detenerlo, porque hay un orden de estructuras fuertes que sostiene este enjambre de preconcebidos; estos pequeños duendes que arman la forma, los moldes, resumen las ideas y propagan los afanes; las metas, las etapas que cumplir; y sobre todo el germen de las expectativas. En algún momento de la historia alguien nos convenció de que la simetría es perfección, y que las certezas marcan el camino a seguir, cuando lo cierto es que nuestro entorno es armoniosamente asimétrico y la incertidumbre forma parte de las leyes naturales de la Física que rige el universo. Es por esta, y otras razones, que he decidido contar esta historia, no sin antes advertir que éste no es un tratado de sociología, simplemente es una novela, que en alguna medida pretende mostrar, a través de los sucesos en un diario personal, el descubrimiento que hace el protagonista, de un nuevo discurso de vida, al verse de frente en el punto de encuentro de sus fantasías con la realidad.
Y ya que se trata de un relato y a su vez de un diario personal, es necesario que se conozca su punto de partida y para ello debo señalar, como antecedente, que hasta hace poco tenía el convencimiento de haber mal aprovechado mi vida y de que probablemente seguiría siendo así. Pues había llegado a un punto, de perspectiva gris, en que vi con claridad muchas fallas, errores que aparentemente habían permanecido invisibles; y no sólo para mí, si no también para los demás; porque era evidente que nadie se dio cuenta de ellos. Para explicarlo mejor, diré que mi imagen no es la de alguien que ha fracasado, podría ser incluso lo contrario. Los errores que refiero han sido sobre mí, como persona; por eso nadie percibió que no he sido feliz. Aunque, la palabra feliz es muy absoluta para definir esto, mejor diré que nadie se enteró, en mis tantos años de matrimonio, no pude sentir ese deseo que alguna vez vibró en mí; y tampoco se percataron que nunca disfruté demasiado mis éxitos porque me faltó valor para no aferrarme a un cronograma “infalible”, pactado conmigo mismo, y mandar alguna vez al carajo lo que tuvo que irse al carajo. Nadie se dio cuenta que yo soñaba en medio del aturdimiento de la vida; ni escuchó mi llanto amorfo ni pudo distinguir mis lágrimas en el confesionario de mis duchas; nadie fue confidente de las frustraciones que alguna vez le susurré a un impasible vaso de whisky; nadie supo de mí, ni de la materia que estoy hecho, ni siquiera yo, hasta hoy.
Es desde esta perspectiva que narraré los hechos, conservando esa manera auténtica que tienen los diarios; para que puedan percibir del mismo modo que el protagonista, sus contextos alucinantes.
Es probable que este preámbulo explicativo no esté completo, así que haré en el transcurso algunos paréntesis para completarlo.

A los héroes de la Era del Amor

Me pondré la camisa celeste, es un color bueno para empezar.


El amor es una máquina capaz de crear mundos paralelos con sus propias leyes y licencias, pero nunca indica en su manual del usuario como hacer para que este mundo alterno se conecte con el del resto del planeta. Tampoco dice hasta donde se debe dejar crecer este mundo, que la mayoría de las veces se convierte en un monstruo que lo aplasta todo empezando por sus contratantes o adquirientes, quienes por lo general no realizan reclamo alguno, y más bien son de lo más indulgentes. Pues esperan pacientes a que este mundo inflado de amor se imponga sobre todos los demás, como lo haría un superhéroe de los que creemos cuando somos niños. Por desgracia la mayoría de las veces las presiones del mundo “real” son mayores y basta un espuelaso para reventar el frágil mundo del amor.

Cuando el amorciano aterriza en su antiguo planeta la Tierra, cree poder recoger los pedazos del mundo del amor y pegarlos con su saliva, con las cuerdas de sus zapatos, envolverlo con su bufanda, parcharlo con una curita que lleva en su bolsillo, pero ya no hay nada que hacer sino empezar todo de nuevo.

Unos tardarán mucho en entenderlo, mientras otros simplemente morirán en el intento y no sé decir cual de los dos es más afortunado. Porque el amorciano aunque sobreviva en la Tierra, tendrá que enterrarse vivo con sus recuerdos y hacerse un funeral delante de los despojos inútiles de su mundo de amor. Y nadie lo declarará héroe de la era del amor pero vivirá para siempre con una herida profunda en su pecho que aunque con los años cicatrice de vez en cuando sangrará, y como todo héroe llevará un trauma de guerra en su mente que lo afectará por siempre en casi todos los aspectos emotivos de su nueva vida sobre la tierra.

Los héroes del amor caminan por las calles confundidos entre las gentes y solo si te acercas mucho puede que veas el asomo de alguna insignia otorgada por su sacrificio, valor y perseverancia en el campo de batalla. Y entonces quizás logres te confiese que aunque que fue una guerra aparentemente inútil por no poder salvar su mundo, sigue sintiendo un orgullo amargo y la convicción de que si volviera a nacer volvería a repetirlo todo de nuevo. Pues es mejor que vivir una vida entera sin saber como es aquel otro mundo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

ES MAS FACIL ENFRENTAR AVATARES QUE TOMAR DESCICIONES QUE TE LLEVEN A UNA SITUACIÓN DIFICIL.

Sábado, ‎28‎ de ‎agosto‎ de ‎2010, ‏‎19:07:16
Hace como doce días me sometí a una cirugía para corregir una desviación de mi tabique. Unos días antes, específicamente faltando tres días para la operación, llegaron de pronto una serie de percepciones que se volvieron intimidantes. Se me ocurrió, por ejemplo, que mi vida podría estar en peligro, pues, es un dato cierto que en toda operación por más segura que parezca tiene un grado de riesgo de un mínimo del veinticinco por ciento. Y pensé, voy a tener un veinticinco por ciento de riesgo a morir frente a quizá cero si no me hiciera esa operación, un veinticinco por ciento de riesgo justo a ahora que mi vida me gusta casi un cien por ciento, me pregunté, ¿será que vale la pena? Ahora, pasado ya casi dos semanas, cuando mi estado de salud es ya muy estable y los resultados de la operación parecen bastante buenos, me sigo haciendo la misma pregunta y casi me inclino por pensar que no vale la pena. Antes de la operación sentí miedo como hace mucho tiempo no lo sentía. Siempre he enfrentado los avatares de la vida según se van presentando, como una situación cierta que deberé enfrentar pues ya está ahí y no me queda otra opción, pero programar una situación de peligro a sabiendas de los riesgos existentes es otra cosa, hay una gran diferencia, al menos para mí. Me considero una persona muy equilibrada y, por eso, dispuesta a enfrentar cualquier situación que se presente, pero he descubierto que no estoy tan preparado para asumir riesgos evitables. Sentí miedo, y es algo que no es muy común en mí. Fue el miedo de poner en riesgo algo que va marchando muy bien, y que podría seguir estando así y mejor sin necesidad de hacer aquello, que es para lograr una mejora, pero cuyo beneficio quizá no cambie demasiado mi vida frente a que si las cosas salieran mal resultaría ser algo muy grave. Lo que me asustaba era tomar una mala decisión, es decir, someterme a un riesgo demasiado alto frente a un beneficio relativamente pequeño y que esta mala decisión me lleve a la peor consecuencia. Creo que mi temor iba más allá del temor a perder la vida, era el de perder la vida por una decisión estúpida. En fin, todo esto me colocó de frente a una evaluación de todos los elementos que forman mi vida actual. Estoy de frente a la posibilidad muy cierta de hacer la publicación de mi primera novela, algo que desde ya me proporciona mucha satisfacción. Por otro lado tengo una linda familia, aunque estoy divorciado, específicamente mis hijos que me aman mucho y gozo de su amor, mis hermanos y mis padres; además tengo una mujer que me ama, y grandes amistades, especialmente el de una amiga muy autentica que me apoya siempre. Podría pedir más de la vida, pero lo que ya tengo es muy valioso y suficiente para crecer como humano. En los primeros minutos después de que supe que había sobrevivido a lo peor, o sea, después de la intervención quirúrgica lo primero que quise es abrazar a todos.
Faltando casi exactamente veinticuatro horas para la operación, mi percepción cambió de pronto de rumbo, en lo referente al miedo, este se anuló casi por completo. Ya se lo había preguntado a mi hijo y él me respondió, Sigue adelante no tengas miedo yo voy a estar contigo, y también se lo pregunte a mi novia y a mi amiga y sus respuestas fueron similares, eso cambió la situación un tanto porque ya no estaba solo de frente a una decisión, además, para esas horas ya era una decisión inamovible por lo que ya no me enfrentaba a ella, sino directamente a la cirugía misma y eso era distinto, pues para eso estoy preparado, para enfrentar de la mejor manera posible cualquier riesgo que ya está, y fue eso lo que hice. La mejor manera de enfrentar una situación como esta es tener el mejor ánimo posible para que el organismo goce de una disposición optima para responder a cualquier ataque, es decir, para el efecto invasivo y traumático de una operación, también me conecté espiritualmente con mis más allegados para tomar de ellos su energía si fuera necesario, y me conecté conmigo mismo para colaborar con los cirujanos en el transcurso de la operación. Además previa a la operación les mostré mi ánimo relajado para contagiarlos de este y mi confianza en ellos. Por lo que sé ahora, estoy seguro que todo aquello sirvió, pues lo primero que escuché al despertarme en el quirófano fue las risas de los galenos que bromeaban entre ellos y luego me enteré que mis respuestas fisiológicas fueron optimas en el transcurso de la operación.
Todo esto me dejó al final un sentimiento de gratitud con la vida y con Dios por permitirme estar aquí.